Te dejaron zorra

Te dejaron sola
y se llevaron tus besos
tus fotos
y hasta tu vestido de seda
Te dejaron desnuda
sin sueños, sin aliento
que ahora
solo lágrimas te cubren
Te dejaron sin color
con heridas
y el espejo se cansó de verte
Te dejaron…
y hasta vos te fuiste
Te fuiste en búsqueda del aire,
del sol
No te quedó más que creer
que vendiendo
tus últimas caricias
comprarías flores
y… solo conseguiste espinas
Y aunque querrás enterrar
los pies en la tierra
recordá que hasta el suelo perdiste.

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no quiero ponerle título

quién sabe
lo que pasa ahí dentro.
pero afuera, se siente
seco… como cuando
te tomás un tequila.
escucho gritos
desesperados por salir.
pero afuera, no me queda
más que esperar
sus palabras.

ahí dentro está
mi paraíso.
pero vos no
me dejás entrar.

Fiesta Infernal

Me siento en la mesa.
A mi derecha:
el odio, la estupidez
la hipocresía y cabronerías.
A mi izquierda:
el poco criterio,
mucha retórica y poco argumento.
Todos comparten por encima
pero las sillas
revientan de patadas.

Lo lamento por mí.
Lo lamento por ellos.
Yo no quise interrumpir
su fiesta infernal.

Ahora el fuego
consume mi silla,
mis pies, mis piernas,
las caderas y el tronco.

Las cenizas comienzan
a regarse en todos lados,
en sus pequeñas cabezas
y sus enormes bocas…
se consume mi cuello
incluso, mis labios
pero mis palabras cobran vida
-mientras más fuego arda-…
y al final me convierto
en la invitada principal.

 

Ni progres ni capitalistas

Cuando leí la columna de mi compañero “Lo que los progres no entienden”, me di cuenta que la mayoría de “likes” eran de otros compañeros de la universidad. Como estudiante de la Marro sé y entiendo cómo es que pretenden los capitalistas que funcionen las cosas, pero también estoy consciente que no todo tiene, puede ni debe ser así.

 

A medida que avancé en la lectura pude detectar algunos puntos que me chocaron y mucho. Primero, creo que las “vulgaridades” que les “gustan” a los “progres” solamente son una manera de acortar la explicación de una situación muy mala o bien, bastante buena. Los capitalistas solamente alargaron su discurso describiéndola en ocho oraciones más. Para mí cualquiera de las dos vale. Además, por favor, quién no haya dicho una “vulgaridad” alguna vez en su vida para expresar algo que se considere el dueño de mi discurso. Segundo, si de contradicciones estamos hablando, el capitalismo funciona con base en una “moral individual” y un “sistema legal social” que combinados, son los derechos individuales que, al final, implica la vida en sociedad como un “deber ser”.  Asimismo, consideran que el Estado y su carácter coercitivo corrompen estos derechos individuales y por lo tanto es inmoral. Sin embargo, les parece totalmente justo y moral que, si un trabajador de fabrica –libremente– decidió firmar un contrato con un empresario, este no le brinde las condiciones de trabajo dignas puesto que el trabajador se sometió “libremente” aceptándolas, si lo que obtiene el empresario es beneficio. Vale la pena aclarar que con estos puntos no pretendo posicionarme a favor de los “progres” es una observación de la realidad que me permito hacer. Agregado a esto, también considero que la libre competencia entre empresas, siempre y cuando esté regulado en cuanto a horas y condiciones de trabajo, no es en absoluto malo.

 

Ahora bien, los demás puntos pueden resumirse en lo siguiente: el problema no son los celulares, la minería, los cambios de género, el problema ambiental, el sistema de salud colapsado, la izquierda o la derecha. El problema va más allá de las concepciones de lo que debería o no ser. El problema está en querer tener siempre la razón (en papel), proponer mil soluciones –de izquierda o derecha– y luego no hacer nada en cuanto a esas soluciones porque es preferible demostrar (alegar), otra vez en papel, que una es mejor que la otra y viceversa. Mientras tanto, las personas se siguen muriendo porque no hay agua ni un sistema de salud eficiente. Y claro, es muy fácil decir eso desde un cómodo sillón o desde La Plaza con un cartel pero,  ¿quién en realidad ha ido a investigar, a vivir esa realidad?

 

 

Asimismo, ¿por qué nos empeñamos en criticar a alguien que no tiene el mismo pensamiento o no tiene un estilo de vida parecido al nuestro si todos somos personas, humanos? Si no les parece que una persona exija que el Estado le financie una operación transgénero porque la realidad es que hay un sistema de salud colapsado (y estoy de acuerdo en que es una prioridad antes que las operaciones) entonces dejen de escribir mil artículos criticándolos o defendiéndolos y propongan una solución para el sistema de salud. Y así, al estabilizarlo, las operaciones vendrán solas sin provocar ninguna externalidad y estas personas dejarían de exigir y los “atacantes” y “defensores” se ahorrarían mucho tiempo que hubiesen gastado en escribir artículos tratando de demostrar porqué está mal o bien.

 

El mundo es para todos sin importar gustos, creencias, identidad o raza. No vale mi puto celular, sí, dije puto y no soy progre. No vale mi dinero, las leyes ni mi capital. No valen los movimientos sociales a los que fui o no. Tampoco valen las coordinaciones de estudiantes. Solo importa el hecho de que todos somos personas y que si tuve la suerte de no tener que experimentar ninguno de estos problemas o la mala suerte de experimentarlos no implica que deje de serlo. Es que estamos tan ciegos por lo que queremos creer que no vemos más allá de nuestros hombros.

 

Por lo que invito a todos los columnistas que he leído en los últimos 5 días a que utilicen su talento de escritores no para discutir, sino para encontrar soluciones y BUSCAR LA MANERA DE APLICARLAS. Estamos perdiendo el tiempo, las personas siguen muriendo y nosotros preferimos discutir por ver quién se mata más lento.

 

P.D. Esta columna puede parecer una ironía en sí misma puesto que expongo que no vale la pena “discutir” en papel qué debería o no ser pero parece que para hacer llegar mi mensaje a los columnistas que proponen cuanto pueden, este es el único medio.

 

Todas sus opiniones son bienvenidas.

 

Yuliana Ramazzini

 

 

El Cuarto Oscuro

Encerradas en el cuarto oscuro
están las mariposas
que les cortaron las alas.
Se sienten como un beso
con los ojos abiertos.

A veces gritan tan fuerte
que me llueven en el rosto
todas las fotografías
que van revelando.

Te llaman con el tiempo
-lento- como si el reloj de arena
se pegara a la mesa.
Pero si te veo no me asusto,
es mas, te contemplo
con los dedos y poco a poco
me suspiran los ojos.

Sin embargo, en mis vestidos
te vas metiendo
y de un tajo las matás a todas…
Me duele el estómago  y los pies
hasta que fácilmente la tierra
me acaricia el pelo.

Y allí mismo
me desprendés los huesos de la piel
-como quien ama con locura-
y al final,
me dejás desaparecer
para irte a exigir tu derecho de nacimiento
y yo… y a mí…
las mariposas con alas
me vuelven a perturbar.

 

Sinestesia

Un acordeón de universos finitos.
Un fondo en blanco
en el que se plasma un jardín de memorias.
Serpientes de tres metros
y cometas comiéndoles la cola.
Vitrales -de pared a pared- monocromáticos
en escala policromática.
Reflejos de disparos a medianoche,
soles y estrellas.

 
Un hormiguero en procesión;
hilos permanentes que se rompen
en Sol y en Fa.
Una tormenta eléctrica
de rayos al unísono.
Burbujas levitando
como si no supieran que se van a reventar.

Pero se apaga la radio,
abro los ojos y todo…
Todo es negro.

Cuervos

Regresan
negros, puros;
no los ha asustado el invierno.
Se revuelcan entre aires
de elegancia y egocentrismo
como si por volar
la altura los estableciera en un pedestal.

Vuelven
para quedarse
como se queda el clavo en la pared
pero se siente como la espina
que atraviesa el rosal.

Regresan
y entre hilos de esperanza
se cagan en mi cabeza
y se rien…

Pareciera que las alas
me las pusieron a mí
pero son ellos los que vuelan y se van…
pero regresan.

Regresan
para joderme con sus picos,
sus cantos, su oscuridad.
Se proclaman dioses
con una mirada y yo, abajo,
solo soy humana:
carne y hueso, sesos, corazón.
Más la una que la dos
porque me han sacado los ojos
y he quedado ciega caminando
hacia un destino sin destino
y los cuervos se van
pero su alma oscura
vuelve.

A distancias

Si en un kilómetro cupieran
mis deseos de saberte
completo, así,
las vueltas no serían
eternas.
La tangente se abriría,
escaparía hasta lo último:
el aire, la vida,
se van de mí.
Me temblarían las piernas
y es que el mismo universo
habita en tus labios
y a cada beso se reducen las distancias:
ni Marte, ni Saturno, ni la luz
solo gravedad entre los cuerpos.
Pero abro los ojos
y no hay más que luz,
espacio, inmensidad.
Tú allá y yo…aquí.

La 18 calle

Eran casi, casi, la seis menos diez de la tarde, la hora en que el Transmetro va más socado que el hoyo de una virgen. Yo, parada enfrente de la oficina de correos, me rendí y olvidé la idea de irme sentada en un bus. Así que sin pensarlo, prendí mi cigarro y me puse a caminar. Llegué a la dieciocho calle que por cierto, parecía la cuarta avenida a las doce de la noche; prendí otro cigarro y seguí caminando. Pude apreciar a las personas terminando de cerrar sus ventas, algunos emetras pizados con sus trajes “chingalavista” pretendiendo arreglar el tráfico: “imbéciles”, uno que otro indigente enchamarrándose con cartones o algún poncho que encontraron por ahí. Una señora muy delgada amamantando a su bebé. Me acordé que tenía un jugo en la mochila y se lo di. Seguí caminando y el idiota que me pasó al lado no dudó ni un segundo en tirarme el piropo más shumo haciendo alusión a mi culo: “cerote”. Continué por la banqueta y observé a dos niñas corriendo y riendo mientras su madre se echaba al hombro el último costal de tomates que guardó. Tampoco podía faltar el coche tirando basura en la banqueta mientras escupe al pavimento y… ¡Cómo olvidarlo!, también había una patrulla de la PNC. Los policías se paseaban alrededor de la patrulla como si así lograran controlar el área. La verdad, era todo un paisaje guatemalteco citadino.

Respiré profundo como si ya no hubiera remedio alguno y seguí caminando. Era el último cigarro de la cajetilla, lo encendí y no sé cómo, se me cayó al suelo. Me agaché a recogerlo cuando la vi, una indígena, mejor dicho, sus pies a unos centímetros del piso. No, no era nada raro lastimosamente, era su marido levantándola del güipil con la mano derecha mientras la amenazaba con el puño izquierdo. Se me volvió a caer el cigarro de la boca y las cenizas me quemaron la mano. No me importó. Seguía asustada por la imagen que estaba frente a mí. “!Soltáme!, ¡soltáme!”. “Sho, ¡Hija de puta!”. Le zampó el puñetazo en la panza… mi cigarro se consumía en el suelo. Me paré y voltee a ver buscando la misma preocupación en las caras de los demás y… no la encontré. Un policía codeó al otro mientras observaban la situación pero solo intercambiaron unas palabras y se subieron el pickup. “!Hija de puta!” y otro vergaso. La soltó y la agarro del brazo y empezaron a caminar. Cada vez se alejaban de mí.

Me dolía cada centímetro del cuerpo, me dolían sus gritos, sus lagrimas, me dolía ser mujer. Yo, sin poder hacer nada, agarré la chenca que quedaba, me crucé la calle y pretendí no haber visto nada. No podía, la tenía en mi cabeza, la imagen, la indígena. Cuántas veces al día no sucede esto en las calles de nuestro país y nosotros no hacemos nada. Espero que estas palabras puedan hacer algo, al fin, por ella, por nosotras. No más violencia a la mujer.

Diálogo monótono

se va
y me reinvento en su ausencia
me rio de su simpleza pero lo odio
dos, tres, cuatro, ya no me acuerdo,
se deslizaron en mis cabellos.
idiota
no usted, yo. No, yo no.
lloro por sus genios, malos,
muertos de besos, faltos de mí… seguro.
se cree que se puede pasear a mis espaldas…
iluso.
lo veo desde lo oscuro y lo despojo de su vida
sí, yo sé que lo hago, me lo dicen las 25 veces
que mastica el chicle.
imbécil
le recorro cada hilo sin que usted se de cuenta
me meto en sus libros sin que usted me lea.
pobre
me vuelvo a reír de sus eufemismos,
académicos, literarios, estúpidos.
me siento a escribirle y lo vuelvo a odiar.
ya no… es inútil.