Bienvenida

Pasá, tranquila
Todo aquí es interesante
No, que no te vayás
Que todo aquí es calmado
Sí, segura…
Nada de lo que te han dicho es cierto
Que aquí vas a ser la más importante
Pasá.

Entonces me quedé
Pensando que todo lo que tocara
Seria eterno
Que las hojas nunca morirían
Que los cuerpos seguirían siendo cuerpos
Que la luz no perdería gravedad
Que yo…
Que yo sería importante

Pero… Nada fue eterno
las hojas se mancharon de rojo
Los cuerpos se partieron en pedazos
La luz perdió color

Y yo…
Yo ya no sé
Si es que me nacen rosas de la vagina
O  muero lentamente
Condenada desde el día en que decidí pasar.

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Te dejaron zorra

Te dejaron sola
y se llevaron tus besos
tus fotos
y hasta tu vestido de seda
Te dejaron desnuda
sin sueños, sin aliento
que ahora
solo lágrimas te cubren
Te dejaron sin color
con heridas
y el espejo se cansó de verte
Te dejaron…
y hasta vos te fuiste
Te fuiste en búsqueda del aire,
del sol
No te quedó más que creer
que vendiendo
tus últimas caricias
comprarías flores
y… solo conseguiste espinas
Y aunque querrás enterrar
los pies en la tierra
recordá que hasta el suelo perdiste.

no quiero ponerle título

quién sabe
lo que pasa ahí dentro.
pero afuera, se siente
seco… como cuando
te tomás un tequila.
escucho gritos
desesperados por salir.
pero afuera, no me queda
más que esperar
sus palabras.

ahí dentro está
mi paraíso.
pero vos no
me dejás entrar.

El Cuarto Oscuro

Encerradas en el cuarto oscuro
están las mariposas
que les cortaron las alas.
Se sienten como un beso
con los ojos abiertos.

A veces gritan tan fuerte
que me llueven en el rosto
todas las fotografías
que van revelando.

Te llaman con el tiempo
-lento- como si el reloj de arena
se pegara a la mesa.
Pero si te veo no me asusto,
es mas, te contemplo
con los dedos y poco a poco
me suspiran los ojos.

Sin embargo, en mis vestidos
te vas metiendo
y de un tajo las matás a todas…
Me duele el estómago  y los pies
hasta que fácilmente la tierra
me acaricia el pelo.

Y allí mismo
me desprendés los huesos de la piel
-como quien ama con locura-
y al final,
me dejás desaparecer
para irte a exigir tu derecho de nacimiento
y yo… y a mí…
las mariposas con alas
me vuelven a perturbar.

 

Sinestesia

Un acordeón de universos finitos.
Un fondo en blanco
en el que se plasma un jardín de memorias.
Serpientes de tres metros
y cometas comiéndoles la cola.
Vitrales -de pared a pared- monocromáticos
en escala policromática.
Reflejos de disparos a medianoche,
soles y estrellas.

 
Un hormiguero en procesión;
hilos permanentes que se rompen
en Sol y en Fa.
Una tormenta eléctrica
de rayos al unísono.
Burbujas levitando
como si no supieran que se van a reventar.

Pero se apaga la radio,
abro los ojos y todo…
Todo es negro.

Cuervos

Regresan
negros, puros;
no los ha asustado el invierno.
Se revuelcan entre aires
de elegancia y egocentrismo
como si por volar
la altura los estableciera en un pedestal.

Vuelven
para quedarse
como se queda el clavo en la pared
pero se siente como la espina
que atraviesa el rosal.

Regresan
y entre hilos de esperanza
se cagan en mi cabeza
y se rien…

Pareciera que las alas
me las pusieron a mí
pero son ellos los que vuelan y se van…
pero regresan.

Regresan
para joderme con sus picos,
sus cantos, su oscuridad.
Se proclaman dioses
con una mirada y yo, abajo,
solo soy humana:
carne y hueso, sesos, corazón.
Más la una que la dos
porque me han sacado los ojos
y he quedado ciega caminando
hacia un destino sin destino
y los cuervos se van
pero su alma oscura
vuelve.

A distancias

Si en un kilómetro cupieran
mis deseos de saberte
completo, así,
las vueltas no serían
eternas.
La tangente se abriría,
escaparía hasta lo último:
el aire, la vida,
se van de mí.
Me temblarían las piernas
y es que el mismo universo
habita en tus labios
y a cada beso se reducen las distancias:
ni Marte, ni Saturno, ni la luz
solo gravedad entre los cuerpos.
Pero abro los ojos
y no hay más que luz,
espacio, inmensidad.
Tú allá y yo…aquí.

La 18 calle

Eran casi, casi, la seis menos diez de la tarde, la hora en que el Transmetro va más socado que el hoyo de una virgen. Yo, parada enfrente de la oficina de correos, me rendí y olvidé la idea de irme sentada en un bus. Así que sin pensarlo, prendí mi cigarro y me puse a caminar. Llegué a la dieciocho calle que por cierto, parecía la cuarta avenida a las doce de la noche; prendí otro cigarro y seguí caminando. Pude apreciar a las personas terminando de cerrar sus ventas, algunos emetras pizados con sus trajes “chingalavista” pretendiendo arreglar el tráfico: “imbéciles”, uno que otro indigente enchamarrándose con cartones o algún poncho que encontraron por ahí. Una señora muy delgada amamantando a su bebé. Me acordé que tenía un jugo en la mochila y se lo di. Seguí caminando y el idiota que me pasó al lado no dudó ni un segundo en tirarme el piropo más shumo haciendo alusión a mi culo: “cerote”. Continué por la banqueta y observé a dos niñas corriendo y riendo mientras su madre se echaba al hombro el último costal de tomates que guardó. Tampoco podía faltar el coche tirando basura en la banqueta mientras escupe al pavimento y… ¡Cómo olvidarlo!, también había una patrulla de la PNC. Los policías se paseaban alrededor de la patrulla como si así lograran controlar el área. La verdad, era todo un paisaje guatemalteco citadino.

Respiré profundo como si ya no hubiera remedio alguno y seguí caminando. Era el último cigarro de la cajetilla, lo encendí y no sé cómo, se me cayó al suelo. Me agaché a recogerlo cuando la vi, una indígena, mejor dicho, sus pies a unos centímetros del piso. No, no era nada raro lastimosamente, era su marido levantándola del güipil con la mano derecha mientras la amenazaba con el puño izquierdo. Se me volvió a caer el cigarro de la boca y las cenizas me quemaron la mano. No me importó. Seguía asustada por la imagen que estaba frente a mí. “!Soltáme!, ¡soltáme!”. “Sho, ¡Hija de puta!”. Le zampó el puñetazo en la panza… mi cigarro se consumía en el suelo. Me paré y voltee a ver buscando la misma preocupación en las caras de los demás y… no la encontré. Un policía codeó al otro mientras observaban la situación pero solo intercambiaron unas palabras y se subieron el pickup. “!Hija de puta!” y otro vergaso. La soltó y la agarro del brazo y empezaron a caminar. Cada vez se alejaban de mí.

Me dolía cada centímetro del cuerpo, me dolían sus gritos, sus lagrimas, me dolía ser mujer. Yo, sin poder hacer nada, agarré la chenca que quedaba, me crucé la calle y pretendí no haber visto nada. No podía, la tenía en mi cabeza, la imagen, la indígena. Cuántas veces al día no sucede esto en las calles de nuestro país y nosotros no hacemos nada. Espero que estas palabras puedan hacer algo, al fin, por ella, por nosotras. No más violencia a la mujer.

Diálogo monótono

se va
y me reinvento en su ausencia
me rio de su simpleza pero lo odio
dos, tres, cuatro, ya no me acuerdo,
se deslizaron en mis cabellos.
idiota
no usted, yo. No, yo no.
lloro por sus genios, malos,
muertos de besos, faltos de mí… seguro.
se cree que se puede pasear a mis espaldas…
iluso.
lo veo desde lo oscuro y lo despojo de su vida
sí, yo sé que lo hago, me lo dicen las 25 veces
que mastica el chicle.
imbécil
le recorro cada hilo sin que usted se de cuenta
me meto en sus libros sin que usted me lea.
pobre
me vuelvo a reír de sus eufemismos,
académicos, literarios, estúpidos.
me siento a escribirle y lo vuelvo a odiar.
ya no… es inútil.

Desnuda – mente

y qué si quiero que
rompás cada hilo y
me desnudés la mente?
que te vayás en la mañana
y no volvás a mirarme,
que regresés y recorrás
todas mis ideas?
que me probés,
que me digás idiota
en 4 palabras?
que me admirés y
me besés en Fa y en Do?
que me digás todo y
nada de lo que Morrison
le dijo a Courson?
que no digás,
que me provoqués correr,
en una cuerda de guitarra,
y hundirme en tus letras?
que me leás, me deshagás
me destrocés y volvás armarme
con una sola?
es que ya no puedo, no puedo
verte desde aquí. Quiero que
me llevés allí y más allá
de los museos de arte
y me perdás
para encontrarme con vos
una y menos una
porque si me pierdo,
te vuelvo a encontrar.